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Antes de que la naturaleza hablara, esto es, antes de que nosotros estuviéramos aquí, la propia naturaleza, para subsistir como intención organizativa y organizadora, siempre ha sido susceptible a los cambios, a las variaciones.
Los cambios, las variaciones, introducidas en la fórmula original, permiten la subsistencia. La inmutabilidad, la falta de movimiento, lo estático, son incompatibles con este desarrollo natural al que hemos puesto el nombre de vida.
Desde que la naturaleza habla, esto es, desde que estamos aquí, cada cual entiende que ESTO estaría mucho mejor si se introducen cambios necesarios y fundamentales.
Todo sería mucho mejor si todos fueramos blancos.
Todo sería mucho mejor si todos fueramos alemanes.
Todo sería mucho mejor si nos amáramos los unos a los otros.
Todo sería mucho mejor aboliendo la propiedad privada.
Todo sería mucho mejor liberalizando los mercados.
Todo sería mucho mejor eliminando los gobiernos.
Todo sería mucho mejor sin la amenaza terrorista.
Todo sería mucho mejor si...
Debemos caer en la cuenta, de una vez por todas, que todas las propuestas de mejora no son más que la representación, o la personificación, de una intención inherente, de una intención profunda, intrínseca, externa incluso a la propia naturaleza, una voluntad salvaje y voraz, que patalea y se retuerce por ser, a sabiendas que para acometer su objetivo necesita también del no ser.
Un continuo estado de tormento, de agonía, una continua pesadilla sin fin, un eterno despertar, un bucle.
¿Tiene solución semejante planteamiento?
No.
Si tuviera solución ya no sería un buen planteamiento, la perdurabilidad del proyecto está garantizada por la ausencia de solución, al no existir solución, el drama se hace infinito, atemporal, extenso y eterno.
¿Es la muerte una solución?
No.
La muerte es sólo una de las premisas, el no-ser es una de las partes fundamentales del ser. Sin no-ser, la existencia no tendría sentido alguno. No podría existir nada si la existencia en sí no fuera perecedera, no podríamos llamar existencia a algo sin la no-existencia.
¿Qué hacemos entonces?
Lo mejor es no hacer nada, no tocar nada, no variar nada. Sólo por el hecho de existir estamos contribuyendo a la perdurabilidad de este bucle de variaciones finitas. Cada objeto, cada ente, introduce en la fórmula su coeficiente de variabilidad para que el mecanismo siga funcionado.
Y, de momento, hasta aquí puedo leer.
Lctr.