jueves, 30 de noviembre de 2017

Ciento cincuenta y cinco


Ayer en el programa de Wyoming "El intermedio", Joan Manuel Serrat acudió para ser entrevistado y a la vez para hacer también un poco de chufla con el presentador, interpretando a dúo en tono de humor la canción "Amigos para siempre" en un intento de lanzar un simbólico "pelillos a la mar" a las audiencias.

Durante la entrevista pudimos ver a un Serrat ambiguo, parco, titubeante, y excesivamente cauteloso en las respuestas. Un Serrat incómodo con los temas que allí se trataban intentando zafarse en todo momento de expresar una opinión clara y utilizando en su lugar sentencias generales, ideas difuminadas, y "plurales mayestáticos"...

No es que esperáramos otra cosa diferente. No esperábamos un mitin, ni una arenga, ni la "crítica de la razón pura" pero, coño, Serrat, tampoco nos esperábamos esto. Al menos podrías haber abierto un poco la ventana, aunque fuera un resquicio, que arrojara un hilo de luz hacia las tinieblas que nos rodean en este país.

Como bien afirmaste en una parte de la entrevista "uno ha de mirar por lo suyo", y podemos estar de acuerdo, pero también compartirás conmigo que si cada uno "mira por lo suyo" a lo mejor no queda nadie que "mire por lo nuestro" y viene algún avispado y nos lo roba todo, y nos deja en pelotas, como así han hecho, y quieren seguir haciendo, los "gobiernos" de nuestro país que también miran por lo suyo...

Bien es verdad que la vejez hace a las personas discretas, como es natural, pero también debería hacerlas más tolerantes y sabias. Las hace necesarias para que con sus criterios experimentados ayuden en lo posible al buen funcionamiento de las sociedades. En este momento grave por el que atravesamos hacen mucha falta vuestras opiniones, vuestro parecer, vuestra ayuda

 y no se os está viendo a ninguno.

No creo que sea un ejemplo de la baja condición, de la baja estofa, que tiene nuestro país a nivel general, incluyendo a sus artistas e intelectuales. No lo creo. Más bien parece cosa de que vosotros y vuestras opiniones también estáis secuestrados.

Hace tiempo que os aplicaron el 155..

Lctr.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Periodismo Ilustrado. Hoy: Luis García Montero


Para buscar mi infancia, Dios mío… Recuerdo este verso de Federico García Lorca que utilizó Blas de Otero en un poema dedicado al autor granadino. Con ese poema, participó Blas en un homenaje a Federico celebrado el 5 de junio de 1976 en Fuente Vaqueros. Era el primer gran acto de memoria republicana que podía celebrarse en Granada. Pero todavía estábamos bajo el peso burocrático y policial de la dictadura. Manuel Fraga Iribarne, ministro de la Gobernación, concedió media hora para las intervenciones y llenó los secaderos de tabaco con los uniformes grises de la policía armada. Media hora de libertad después de 40 años de dictadura, dijo Manuel Fernández-Montesinos, sobrino del poeta e hijo de un alcalde socialista también fusilado.

Blas de Otero recordaba en su poema, con la flexibilidad cronológica de la memoria, que cuando tenía 13 años conoció al autor de Bodas de sangre. Estaba de paso por Bilbao con la actriz Margarita Xirgu. Releer el poema me emociona, porque la mañana del 5 de junio de 1976 tuve yo la oportunidad de conocer a Blas de Otero en un acto previo al gran homenaje. Los estudiantes universitarios se reunieron con él y otras personalidades en el Hospital Real. Admiraba y admiro mucho a Blas de Otero. Mi formación poética cruzó la adolescencia con las Canciones y Poeta en Nueva York de Lorca, y luego con Pido la paz y la palabra de Blas de Otero. Cuando me acerqué a saludarlo, arrastré la timidez y la emoción en los labios. Se me ocurrió decirle que por gente como él quería dedicarme a la poesía y estaba en un acto como ese. Era un acto organizado por la sociedad civil que se movía en el entorno del Partido Comunista, un homenaje a un poeta ejecutado por el franquismo. Blas sonrió, me acarició el pelo y murmuró: “¿por gente como yo? Espero que algún día puedas perdonarme”.

Si admiro y aprendo de los poetas más jóvenes que yo es porque me eduqué en la admiración de mis mayores. En buena medida, esa es la dinámica de la escritura, una herencia que da pie a nuevas generaciones, una palabra recibida que se abre al futuro a través de la perpetua actualización de los jóvenes.

Me gusta pensar en la idea del tiempo que funda la literatura: el tiempo como relato, el presente con dimensión histórica. El capitalismo lo mercantiliza todo, lo convierte todo en objeto de consumo. Los cuerpos, los empleos, las horas de ocio o de trabajo, la política, todo es un objeto de usar y tirar, todo se produce con una fecha de caducidad en el ritmo acelerado de la especulación. El entusiasmo mercantil del presente borra la memoria, cancela el compromiso con el futuro y deja vacío de significado el instante. En el mundo de lo instantáneo, lo de ayer se olvida hoy porque nada de lo que se vive o se siente nace para ser respetado.

Los herederos de Fraga Iribarne están hoy en el gobierno. Una de las grandes debilidades de la izquierda española es que ha sido incapaz de establecer un diálogo generacional. Durante años, los viejos no tuvieron más afán que el de perpetuarse y no quisieron perder el control de una parcela cada vez más pequeña. Cuando la realidad estalló en sus manos desvinculadas del mundo, surgió ante ellos una juventud adánica, dispuesta a creer que se lo estaba inventando todo, porque no tenía nada que ver con sus mayores. Los viejos cascarrabias pensaron que los jóvenes eran tontos; los jóvenes sin memoria se abandonaron al espectáculo de las coyunturas, lo instantáneo y su propia caducidad.

El diálogo generacional es lo que constituye una comunidad, lo que consolida una palabra en el vértigo del tiempo. Me he acordado del Blas de Otero que recordaba a Federico García Lorca porque creo significativo que dos viejos como Manuela Carmena o Julio Rodríguez hayan adquirido protagonismo en la joven izquierda madrileña. Es una buena noticia. A los herederos de Fraga Iribarne sólo pueden derrotarlos los herederos de la libertad. Espero que algún día sepamos perdonarnos.

Lctr. (C&P)

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Será por Series...


Nuevo producto de Netflix recién estrenado. Basado en la novela del mismo título de Petra Hammesfahr y muy bien llevado y adaptado por el director estadounidense Antonio Campos, que ha hecho un trabajo impecable de ritmo e imágenes, pulcro y aseado.

Si añadimos a Jessica Biel como protagonista que además de guapa realiza una excelente interpretación, no queda más remedio que ponerse a verla.

Ocho capítulos de 40 minutos.

Lctr.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Los nuevos Comics

La proliferación de las nuevas plataformas de TV de pago que han hecho multiplicarse como churros el número de series disponibles, han facilitado que los contenidos que antes estaban reservados exclusivamente para las artes gráficas y el mundo del Comic ahora se encuentren disponibles en formato hd en cualquier pantalla, tablet, o incluso en los móviles.

Ejemplo de ello es esta deliciosa "The OA" de Netflix, que reune los contenidos mágicos y esotéricos de los buenos viejos comics, y nos hace pasar unos ratos muy entretenidos de solaz esparcimiento.

En la misma línea tenemos el producto de HBO "The Night of" excelente miniserie cuyo único cometido es el entretenimiento sin mayores espectativas, con un trabajo excelente de John Turturro.

Sin entrar en detalles sobre las mismas, para no desvelar nada, son productos altamente recomendables para pasar esos ratos de la vida existentes entre el trabajo, la cama, y el cuarto de baño.

Aunque a veces, como pasaba con los comics, uno no se resiste a no llevárselos consigo incluso a los aposentos mencionados.

Lctr.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Solo sucede lo que puede suceder (Crítica)


Julio Castro La República Cultural

“¡Eh! ¡Muchacho! ten cuidado contigo mismo / somos seres débiles / y nos inoculan una enfermedad / a edad temprana / que arrastramos toda la vida”, exclama Antonio Sarrió. Está exhortando a cualquiera y a nadie, es uno de los personajes o personas de la obra que Cambalero Teatro desarrolla a partir del texto de Carlos Sarrió. “…el problema del sentido de la vida es que a nadie le importa una mierda. Salvo a media docena de ‘pensantes’ que a duras penas hacen de esa búsqueda su trabajo. Al resto de los mortales nos basta con que venga alguien y nos lo explique…”, dice en otro momento la persona que encarna Begoña Crespo.

Una especie de habitación que casi se ha convertido en un pequeño desván de objetos dispares, la mayoría de otros tiempos, como una máquina de escribir, o un tocadiscos, sillas de varios colores, una mesilla decorada, una estantería con objetos inconexos que se almacenan. Una caja con discos que saldrán de su funda, una radio… un diseño al estilo vintage que parece albergar y alberga un pasado personal que trasciende para alojarse en lo colectivo, en lo social. Entorno al contenido, el público, a cara descubierta, porque todo forma parte de una intención.

El texto de Carlos Sarrió no se monta en personajes, sino en cuatro personas verbales para un enorme poema que desgrana la dinámica de millones de vidas: yo, tú, él, nosotros… Porque lo cierto es que configura espacios de análisis que se mueven en la escena por aproximación a lo que pueda sentir cada persona del público, de manera que las acciones corresponden a los hechos más que a las palabras. La compañía parece montar una especie de acción colectiva (sí, teatro, pero cercano a lo más tangible), como si instaurase una revolución próxima a un 15M, en el que un trayecto vital que abarca a tanta gente, deja sobre la mesa todo lo que podamos analizar.

“…le preguntaron si la realidad existía y aquel físico bajó del escenario y se sentó en los escalones y dijo: ‘las cosas… suceden…’” dice la persona de Eva Blanco. Está en las entrañas del texto, porque parece una evidencia, pero Sólo sucede lo que puede suceder, desde su título es un análisis poco habitual de la evidencia que se ignora para vivir sin muchos problemas, o para poder ejercer lamentos colectivos sin cambiar nada. Y no es que el montaje o el texto propongan cambios de manera evidente, sino que exploran y exponen. “Y vas armado por la calle y en los bares y en tu casa con un boli y una libreta y anotas escribir poesía es como estar enamorado un viaje a lo desconocido y te dices escribe imbécil que para eso has venido”, dice el texto al poco de abrir el fuego e, inevitablemente, me siento muy próximo a esa posición, sin culpa ni castigo, pero me miro.

Media el texto cuando Julio C. García ataca otra realidad tangible que escondemos en la trastienda cada día: “estábamos desahuciados / con los muebles en la puta calle / y aunque las madres contaban dulces cuentos / los niños no se los creían / miraban con ojos como platos sus cosas / al lado de la tapa de la alcantarilla / la tele encima del colchón / las lágrimas contenidas / y ahora qué -se preguntaban- / a esperar tiempos mejores”.

Como en otras ocasiones, el texto y la acción física no tienen ese reflejo parejo de un teatro clásico instrumentado hacia la necesidad de ordenación consuetudinaria, sino que el movimiento hace lo que hace, encuentra cabida y acoge al texto. Hay menos diálogo aparente que en otros trabajos, para transformarse en acción descarnada, que se asocia a lo que conviene en cada momento, en lo que se amolda a un significado adecuado. De esta manera, la poética y la prosa se salvan dentro de su estructura, mientras que la acción escénica se adapta a otra realidad y no siempre hace de intermedio comunicador entre el contenido del autor y el público, sino que, al contrario, propicia que el propio público se aproxime a la versión que necesita darle a su contenido.

Sus personas / personajes, parecen no comunicarse entre sí, pero la realidad es que forman parte de un todo, en el que comunican con el público, en una forma de convergencia muy diferente. Es de esperar que encontraremos hay puntos de conexión más evidentes entre todas las partes presentes en el montaje, de manera que se alcance un punto final desde el que lanzarán al espectador a su propio espacio, con una diferencia: ahora acompañado del conocimiento de que otras personas también tienen esa necesidad, esa a la que nos hemos atado en el recorrido de esta evidencia.

Estamos ante un texto crítico, que se ve potenciado por la puesta en escena. Su desarrollo sugiere casi desesperación en ciertos pasajes, pero no entra en un callejón sin salida, sólo avanza en realidades, porque parece sugerirnos que, si la vida nos ha traído hasta aquí, se demuestra que estamos vivos, y abarca pasajes tremendamente analíticos, tanto en su parte poética como en la prosa intermedia: “Este tipo de conceptos negativos son fundamentales para un sistema social basado en la dominación por medio de la mentira. Lo ‘normal’ es algo indeterminado que nos mantiene a todos a raya para que nadie sea como es realmente. Es uno de los pilares fundamentales de esta arquitectura de mentiras que hemos tejido entre todos y que llamamos sociedad o civilización”.
Cabe también un descarado acercamiento “la institución prefiere trocear a las personas.
‘Divide y vencerás’. Para una institución una persona es: consumidora / estudiante / trabajadora / paciente / cliente / votante / activista / creativa / emprendedora / parada / jubilada…este despiece es uno de los pilares de la dominación que necesita el sistema económico ‘antes llamado capitalista’”, como podemos comprobar, sin dejar de lado la ironía o la parodia textual en la denuncia.

Poco a poco descubrimos cómo estamos tratando de la vida pasada, de la imposibilidad de regresar, pero sí de elegir dentro de la propia elección, de escoger lo que queremos hacer, incluso, aunque todo finalmente pase. No encuentro tanto desasosiego o lamento, como necesidad de evidenciar para ponernos en guardia de lo que somos, de lo que permitimos. Luego, ya, “que alguien ponga un poco de música… o algo”.

“y en las calles arderá nuestra indiferencia
en grandes hogueras
los trajes de Armani correrán desesperados intentando
conseguir cobertura para sus iPhone inútiles
los voceros del régimen dirán que no
que así no
que la violencia es legítima solo si vienes de familia bien
que esos ruidos son inadmisibles
que ya no se oyen a sí mismos
en esos discursos interminables
llenos de odio y cadáveres blancos e inocentes
nada detendrá esa corriente
ese río de desesperación desatado
con inexplicable exactitud
extirpará cánceres de las calles y de los púlpitos”

Es de lo más potente que he podido presenciar y leer en los últimos tiempos. Y creo que es precisa la doble mirada, la de la puesta en escena dirigida por Carlos Sarrió, y la del texto que ofrece nuevas posibilidades. Cualquiera de ellas puede ser independiente, pero ambas enriquecen la mirada y la opinión desde un teatro diferente y desde un texto a su medida. O al contrario.
Julio Castro

"Solo sucede lo que puede Suceder" es la nueva obra de Cambaleo Teatro. Con textos y dirección de Carlos Sarrió, e interpretada por: Eva Blanco, Julio C. García, Begoña Crespo, Antonio Sarrió, y Carlos Sarrió.






miércoles, 8 de noviembre de 2017

La intervención



















La delirante intervención de las cuentas de uno de los Ayuntamiento que no solo cumple con el gasto, sino que en cada ejercicio aprovecha para pagar la deuda sideral dejada por sus predecesores, nos deja a todos asombrados.

Curiosamente cuando el Ayuntamiento era el epicentro de obras faraónicas, presupuestos inflados hasta doscientas setenta y dos veces de su valor en algunos casos, y del despilfarro sin control, Montoro no decía nada.

Y es que el Ayuntamiento de Madrid siempre le sirvió al PP para financiar las empresas de sus amigos con nuestro dinero, y desde que Carmena es la alcaldesa no pueden hacerlo.

Por ello se valen de métodos más propios de regímenes autoritarios que democráticos para continuar robando, importándoles tres cojones la vida de los ciudadanos, y prestando toda su atención al dinero que dejan de llevarse.

Esta es la realidad de esta vergüenza de gobierno que tenemos. Llevan seis años sin hacer nada más que llevárselo crudo, y cada intento que surge de organización sensata, o de gestión limpia, no dudan en desbaratarlo y destruirlo.

Su cometido se asemeja al de una infección. Un virus que lobotomiza a la ciudadanía y que se expande por todos los rincones del país (y del mundo) arrasando todo a su paso.

Todavía hay vida detrás del PP, estamos a tiempo. 

Si nos demoramos demasiado no quedará nada.

Lctr.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Periodismo Ilustrado. Hoy: Rosa María Artal




Puigdemont da una rueda de prensa en Bruselas con 7 de sus consejeros, como estrategia de defensa y buscando ganar la batalla de la imagen. En 4 idiomas además, para desesperación de los monolingües. El aguerrido españolismo les llama cobardes desde la barrera. Tras aplaudir con pasión la petición de delitos que, como sedición y rebelión, más parecen decimonónicos. Vivimos tiempos de alta épica y poca racionalidad. Con extremos que se inscribirían incluso en el sainete de no ser por sus dramáticas consecuencias. La independencia de Cataluña ha sido el detonante que permite ver el profundo deterioro del poder y sus valedores. El Régimen del 78 se derrumba y amenaza con arrastrar cuanto encuentre a su paso. Los síntomas son palmarios, nadie ya se molesta ni en disimularlos, a pesar de esa exultante reafirmación que pretende ignorar los fallos estructurales. 


Tenemos a un presidente de Gobierno que pasa por ser en los medios un “brillante estratega” por haber convocado elecciones en Catalunya, tras destituciones sumarias, en lugar de enviar los tanques. Al menos de momento. Un Gobierno sustentado en un partido al que la acusación pública considera “plena y abrumadoramente” implicado en la corrupción de la Gürtel. Prepararon el desembarco desde Abril, sin advertirlo y sin desarrollar el artículo 155. Contamos con un Fiscal General del Estado reprobado por el Parlamento, extremo que ahora ni se menciona. De su nivel de madurez puede dar idea el nombre dado al documento de las querellas contra Puigdemont y Forcadell: “Más dura será la caída”. Puigdemont en Bruselas ha hecho especial mención del hecho que le han servido en bandeja. En el Govern que enamora a la derecha hay varios ministros del Gobierno central reprobados también. Y la presidenta de allí, vicepresidenta aquí, se ha librado -pese a su gestión incendiaria y torpe del conflicto catalán- por sublimes intereses de Estado. De estado electoral, en la práctica. El maquiavelismo en fascículos hace furor esta temporada.

Las manifestaciones españolistas de Barcelona les han dado la vida. La calle puede ser muy mala o muy buena, según quien la llena. Los medios se han lanzado a una desenfrenada carrera dominada por la opinión, no información, como si se tratara de una cruzada. Igual lo es. También están muchos de ellos en el barco que se hunde. Se leen artículos impensables. A lo más tirado del infraperiodismo le ha salido una dura competencia. ¿ Saben aquel que diu que independentistas y Podemos tienen “ cerebros de gallina”?

En las concentraciones, van de la mano defensores de la unidad de España, ultraderecha, falangistas, y destacados miembros del PSOE o del PSC, incluso un ex dirigente del PC. Todos caben en la Constitución, nos dicen las crónicas. Menos los soberanistas. Nunca pudieron ni pudimos imaginar llegar a verlos en esas compañías, ese flamear de banderas rojigualdas a su paso, esa sed de triturar al disidente. Su participación decisiva en una involución histórica aprovechando la coyuntura en Catalunya.

Y ya no falta más que la campaña electoral, otra campaña electoral con los mismos tópicos y trampas. Estrategias tan repetidas que estragan a cualquiera que tenga al menos dos dedos de frente. Ese afán de poder, de preservar o ampliar el número de sillas, mientras los problemas se enquistan. No han resuelto nada. Se niegan a entender que Puigdemont y cuanto defiende no quiere hacerse perdonar, ni congratularse con sus opositores, juega sus cartas. Guste o no, es su estrategia. Y ha vuelto a descolocarles. Y le castigan con ineficaces insultos. Andan reivindicando una valentía de torero en la plaza y no la que exige -a otros- vivir entre tantos condicionantes y atropellos consentidos. El independentismo no nació ayer, ni ha muerto hoy. Una sociedad polarizada como la catalana exige algo más de cordura en la resolución de sus conflictos. La política española, tan bonita, está hecha un eccehomo.

El PP, pringado hasta lo indecible, ofreciendo a un xenófobo como Albiol de modelo. Ciudadanos desaforados en busca de mano dura y cargo. El PSOE, inmerso en contradicciones, reivindicándose como “la” izquierda y exaltado por sus periodistas sin medida. Verán, no es ser de izquierdas abstenerse en el Tratado de Libre Comercio CETA para que salga adelante. No es de izquierdas vetar que el SAREB ceda pisos de su stock a un fondo de viviendas sociales. No es de izquierdas apoyar al PP, ni tragarse reprobaciones y hemerotecas. Zapatero, que empezó bien sus gobiernos, fue reconducido en años. Sánchez lo ha sido en meses. La de Zapatero representó una potente espoleta de demolición.

El 78 se hunde. Y su más temible enemigo en el conjunto de España no es siquiera el independentismo, es Unidos Podemos, sobre todo Podemos. Seguimos en el mismo bucle. Vivían en su Arcadia feliz hasta que, sin advertirlo siquiera, estalló la indignación. Cualquier periodista que quisiera verlo, se enteró. Venía de atrás, pero la gran estafa fue aprovechar la quiebra del sistema financiero para instaurar un modelo económico y social mucho más duro. La gota que colmó el vaso. Era un clamor, era angustia y desesperación de muchas personas, por eso estalló el 15M.

Nadie quitó el sitio a una izquierda que no lo ocupaba ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros, se enarbolaba como lema esencial. Que se lo pregunten a las víctimas del fraude de las preferentes y las clausulas abusivas que aquellos gobiernos autorizaron y consintieron. Más aún, siguen amparando las trabas a su devolución. Está pasando ahora mismo.

Hicieron abdicar al rey Juan Carlos para tratar de mantener el estatus. Felipe VI, con una buena acogida, tuvo la oportunidad de ser un monarca moderno y cercano a los problemas de los ciudadanos, que no súbditos. Sus intervenciones políticas y próximas al PP le han marcado para bien y para mal.

Es cierto que la sociedad vive momentos de exaltación patriótica. Producto en buena medida, como suelo mantener, de algo tan poco ejemplar como la xenofobia que les inspiran los catalanes. Hasta TVE la fomenta en prime time. Un soufflé que bajará. Las banderas son el contenido que representan. Y se les ha colado una levadura que reivindica, con cánticos al sol, la más negra y perniciosa historia de este país. Ignorados o permitidos, con sin igual irresponsabilidad.

Fuera de extremos tan radicales, se advierte que muchas personas prefieren la unidad de España y el respeto a esas leyes, a que les defrauden con otras normativas incumplidas. Prefieren que les roben y les engañen si tienen sujetos a los díscolos. Ni la deuda pública por las nubes, ni los trabajos precarios, ni el incierto futuro con las pensiones importan si Puigdemont es encarcelado y los catalanes son vencidos y humillados en justo castigo a la actitud que tanto les irrita. Siguen pensando, en definitiva, que PP y PSOE “no les representan”, pero nada es comparable a esa unidad de España que defienden. Una actitud viciada en origen.

Para muchos ciudadanos –y es un tema clave- Podemos, en este momento, no está respondiendo a las expectativas que le otorgaron cinco millones de personas. Es verdad que gran parte de ellas no engullen los mensajes de los medios de propaganda y seguirán votando esa opción. De ahí que continúe en los medios el síndrome obsesivo compulsivo con Podemos y sus dirigentes. Diario. Su postura ha sido a favor de un referéndum con garantías, todo lo demás es mentira. Como la de Podem, a cuya dirección ha cesado Madrid a pesar de ello en controvertida decisión. Conflictos tambien hay. Si Podemos evitara los vicios que lastraron a otros partidos, al menos no carga con pesadas herencias por mucho que les atribuyan hasta la pérdida del paraíso terrenal.

El problema es serio. En distinto grado, se han quemado políticos y partidos, sobre todo lo partidarios de atrincherarse y que nada cambie. No se le ve solución fácil. Lo último, seguir atizando el fuego con potentes cargas de irracionalidad . Más dura será la caída enarbola la Fiscalía del Gobierno, mientras reparte delitos de enorme envergadura. Oigo a Martín Pallín, Fiscal emérito del Tribunal Supremo, decir que criminalizar los votos en un Parlamento debilita la democracia. Es la apuesta de PP y sus socios. Había caminos menos drásticos. Pero da votos. Aquí y ahora. A ellos y a sus voceros les vale, serán los primeros en ponerse a salvo si el edificio se derrumba. Hay salida pero no desde el toril embistiendo, sino usando la cabeza.

Lctr. (C&P) 


jueves, 26 de octubre de 2017

Periodismo Ilustrado. Hoy: Javier Gallego



 VIVA ESPPAÑA


Hay que ver la España que están dejando los del “viva España”. Para entrar a vivir. Deje de mirar a Cataluña por un momento y mire el dedo que la señala y la mugre bajo esa uña. Mire la roña que sale de ahí cada vez que escarba la justicia. Está acabando el primer juicio de la Gürtel -una trama con más temporadas que una serie de Netflix- y aunque TVE lo oculte, ha quedado “abrumadoramente” acreditado, según la fiscal, que el PP tenía una caja B, que recibía donaciones a cambio de obra pública, que Ana Mato y el partido nacional se enriquecieron con los negocios de Correa, que Rajoy los conocía pero se hizo la infanta y que L.B era Luis Bárcenas que era Luis el Cabrón, el de la fortuna en Suiza patria querida.

Deberían llamar Ginebra a la calle Génova. Allí ha puesto estos días el PP un pendón de España cubriendo de arriba abajo la sede reformada con la caja B. Eso es lo que se llama tapar las vergüenzas con la bandera. Se quejan cuando alguien se limpia el culo con el trapo nacional, pero ellos se limpian el dinero negro y como si nada. A la derecha le sale siempre bien la maniobra de distracción patriótica. Cada vez que gritan vivas a España es porque están evadiendo a Panamá.

Se les llenan la boca y el bolsillo con la patria a la que saquean con la mano con la que no agitan la banderita. Mientras nos daba clases de derecho constitucional, el gobierno presentaba esta semana el presupuesto en Sanidad y Educación más bajo de la democracia. El PIB sube pero el dinero para prestaciones sociales baja. Aunque dicen que hemos salido de la crisis, alguien tiene que pagar el rescate a los bancos y no van a ser los propios bancos, faltaría más. Hazme una rebajita, Mariano. Claro que sí, guapis.

De nada han servido los años de movilizaciones contra los recortes. Han seguido ahorrando donde más habría que invertir. En el futuro. Esta semana leíamos que el CSIC ha perdido un 14% de su plantilla desde que gobierna Rajoy, más de 1800 trabajadores. Ésta es la España del PP, un país al que apenas vienen profesores extranjeros porque no encuentran incentivos en nuestras universidades, según señala un organismo de la Comisión Europea. Y ahora sal ahí fuera y canta “yo soy español, español, español”.

Pues yo también soy español, español, español y estoy harto de un Gobierno que da lecciones de legalidad mientras se salta las leyes, que da lecciones de neutralidad informativa a los catalanes mientras manipula impunemente a los españoles, que esgrime la Constitución mientras abandona a los ciudadanos más desfavorecidos, que se envuelve en la bandera de España al mismo tiempo que maltrata a nuestros médicos, científicos y profesores. Harto también de los partidos que apoyan y sostienen a esta organización ultracorrupta y lo hacen en nombre de la democracia. Harto de los que salen a defender la patria pero votan a los ladrones que la han arruinado. Harto de los que gritan “a por ellos” a sus propios vecinos mientras jalean a los políticos que vienen a por nosotros.

Claro que sí, guapis: ¡Viva Esppaña con capital en Ginebra y embajada en Génova!


Lctr. (C&P)

martes, 24 de octubre de 2017

El "Libre Mercado..."

Amazon envía por error 29 kilos de marihuana a unos clientes


20MINUTOS.ES. 24.10.2017 - 17:49h

Una pareja de Orlando (Florida) tuvo la sorpresa de su vida al abrir un paquete en el que se suponía que estaban cuatro grandes cubos que habían comprado por Amazon y se encontraron con más de 29 kilos de marihuana dentro, informaron este martes medios locales.

El canal NBC6 reprodujo unas declaraciones de la mujer, que no quiso ser identificada por razones de seguridad, en las que señaló que la droga estaba colocada en paquetes dentro de los cuatro contenedores que ella y su prometido habían comprado.

El envío les llamó la atención por lo pesado y también, cuando lo abrieron, por el inconfundible olor a marihuana que desprendía lo que había dentro de los cubos, por lo que llamaron a la policía.

La policía decomisó la droga y abrió una investigación, según fuentes policiales. 

La pareja agregó que después de muchos intercambios de correos electrónicos con Amazon para pedir explicaciones o al menos una disculpa, el gigante del comercio al por menor les envió una tarjeta regalo de 150 dólares con el mensaje de que no había podido hacer nada más, según el canal local de CBS.

En este mundo neoliberal la legalidad es sólo para los miserables...

Lctr.(C&P)

viernes, 20 de octubre de 2017

miércoles, 18 de octubre de 2017

Periodismo Ilustrado. Hoy: Javier Valenzuela


¡Voltaire, despierta!

Articulo públicado en

Hace unos días, en una pausa del festival Granada Noir, un grupo de escritores comentamos con tristeza el hecho de estuviéramos teniendo que bloquear en Facebook a gente que nos había solicitado amistad tiempo atrás, con lo que habíamos supuesto que compartía con nosotros unos mínimos criterios de raciocinio, tolerancia y cortesía. Éramos cinco, tres hombres y dos mujeres, y a los cinco nos estaba ocurriendo lo mismo. Personas cuya amistad en Facebook habíamos aceptado en su día nos insultaban ahora en nuestras propias páginas por defender en el conflicto catalán las ideas de diálogo, negociación, acuerdo, concesiones mutuas y solución no traumática.

Por ejemplo, si lamentabas el excesivo uso de fuerza en las cargas policiales del 1 de octubre eras un “idiota”, un “rojo trasnochado”, un “cómplice del separatismo” y, todavía peor, alguien que “odia visceralmente” a los hombres y mujeres de la Policía Nacional y la Guardia Civil. De nada servía que añadieras la intelectualmente innecesaria aclaración de que bien sabías que esos hombres y mujeres cumplían órdenes, por lo que tu reprobación se dirigía exclusivamente a quienes se las habían dado, fueran fiscales, jueces o autoridades gubernativas (si es que en este caso no vienen a ser lo mismo).

No, ese matiz se le escapaba por completo al supuesto amigo en Facebook convertido en fiera para tu sorpresa y decepción. Y también se le escapaba el que, como es mi caso, hubieras convertido en heroína de tu última novela a una capitana de la Guardia Civil, en una muestra de tu aplauso por la lucha contra la corrupción llevada a cabo por la UCO. La fiera –la llamo así porque no hablaba sino aullaba, no razonaba sino mordía– te seguía poniendo a caldo y parecía estar a punto de acusarte de “cómplice del terrorismo” cuando te veías forzado a bloquearla.

Lo viví como corresponsal en el Beirut de los años 1980 y el Sarajevo de la siguiente década: incluso gente con estudios, gente que lee, gente civilizada puede convertirse en chacal de manada cuando un conflicto se libra en términos de etnia, nación o religión. Pierde su capacidad de razonar individualmente, deja de escuchar al que no piensa igual, se deja arrastrar por la ira, el odio y, si llega el caso, incluso la violencia de la jauría. Como diría Primo Levy, ha ocurrido otras veces y puede volver a ocurrir. Está empezado a ocurrir con lo de Cataluña.

Nuestra conversación en Granada Noir estaba tintada de pena. Conté que había tenido que bloquear en Facebook a alguien que se decía socialista y me acusaba de pertenecer a la “izquierda rancia” que piensa que todos los que enarbolan la bandera rojigualda y defienden la unidad de España son unos “fachas”. Le había contestado que no pienso eso en absoluto, que, si era tan amable, me recordara dónde había dicho o escrito yo algo semejante. El supuesto socialista había respondido que quizá no lo hubiera dicho o escrito, pero que, vista mi posición en el conflicto catalán, él estaba seguro de que yo lo pensaba.

Reprimí el impulso de recordarle que ese tipo de adivinación del pensamiento del otro es más propio del proceso inquisitorial que del debate ilustrado. Respiré hondo para cargarme de paciencia y serenidad, y tecleé un mensaje en el que le decía un par de cosas.

La primera, reiterarle que no estigmatizo como “fachas” a todos los que esgrimen la bandera rojigualda. Algunos pueden serlo, otros solo son nacionalistas españoles, bastantes la tienen como la enseña de la Constitución del 78, la mayoría simplemente identifica desde su nacimiento esa bandera con España porque no ha visto otra. Añadí que ello no impide que haya un puñado de compatriotas que preferirían la también españolísima bandera tricolor republicana.

Le recordé, en segundo lugar, que siempre me he declarado partidario de la unidad de España, por lo que me dolería la independencia de Cataluña. ¿Pero es que solo hay una manera de mantener esa unidad? ¿No podría España seguir unida bajo un modelo federal, quizá más adecuado a su pluralidad? ¿Es que los Estados Unidos de América no son percibidos en la escena internacional como un único país pese a sus extraordinarias diferencias internas? En definitiva, ¿es que unidad tiene que ser necesariamente sinónimo de uniformidad?

Me salió con exabruptos contra Puigdemont, Colau y Pablo Iglesias –a los que yo no había citado– y me instó a irme a Venezuela puesto que odiaba a España. Eso ya no pude soportarlo. Me recordó mucho la cantinela que escuchaba diariamente en mis primeros veintiún años de vida, los que pasé bajo el régimen franquista, aquello de “si no te gusta España, vete a Rusia”. Lo bloqueé.

Ni me atraía lo más mínimo la Rusia soviética ni me atrae un carajo la Venezuela de Maduro. No escogí nacer en España, pero amo sus tierras, sus gentes y sus culturas del mismo modo que amé a los padres y el hermano que no escogí. Solo quiero que España sea más limpia, justa y democrática. Solo quiero que Cataluña se sienta cómoda en su seno. Me gustaría incluso que nos federáramos con Portugal.

Mal andamos si pensar así te convierte en tan “antiespañol” como lo fueron los sefardíes, los moriscos, los luteranos, los ilustrados, los liberales y los republicanos que tuvieron que huir de su tierra por no acomodarse al dogma. ¿Es que solo hay un modo de ser español?

¡Voltaire, despierta! Se han vuelto locos otra vez.


Lctr. (C&P)

lunes, 9 de octubre de 2017

Blanco es el color


Después de lo visto ayer en Barcelona parece que no queda otra. Si quieres ser español la única forma posible de identificarte como tal es uniéndote a la España del Partido Popular, de parte del PSOE, de C's, de VOX, de SCC, de Falange, y de Democracia Nacional. No existe otra opción. Si tu te sientes español, pero no comulgas con ninguno de esos grupos, ya puedes ir haciendo las maletas.

En efecto, para ser español te hace falta además ser "mucho español", y bailarles el agua a los portadores de la bandera manchada por la corrupción, el paro, el empleo precario, la burbuja inmobiliaria, las obras faraónicas, los recortes sociales, la educación concertada con los amigos, los recortes sanitarios, el rescate a la banca con dinero de todos...

Abrazar esa bandera significa aceptar sin concesiones la España Mariana, y los que no acepten eso, que se jodan (como dijo aquella..)

Este es el panorama de nuestro país.

Somos muchos los españoles que no compartimos las ideas ni los principios de los que pretenden imponer a toda costa una idea de nación pretérita, caduca, rancia y, por supuesto, corrupta, por no decir preconstitucional en algunos casos. Somos muchos los que estamos hartos de todo eso. Sirvan de ejemplo estas otras imágenes de madrid y Barcelona.



























En estas otras imágenes podemos apreciar una manifestación, también por la unión de los españoles, pero a-banderados, esto es, sin bandera alguna. Esta manifestación en Madrid y Barcelona (y en otros puntos del país) a diferencia de la de ayer perfectamente orquestada, subvencionada (más de 100 autobuses de todas partes de españa) y difundida por los medios afines al partido del gobierno (entre ellos la televisión que pagamos todos los españoles) no tuvo la misma visibilidad en los medios que tuvo la de Barcelona. Además, fue espontánea en sus formas y como se puede apreciar, por tener caracter nacional, estuvo más respaldada en todo el territorio patrio.

Todas estas personas que somos de España y también vivimos aquí, necesitamos un sitio tranquilo, moderno, acorde al nuevo siglo, con gobernantes decentes que miren por el ciudadano, y dejarnos de banderitas, de himnos, y demás objetos de arreo de ganadería, que lo único que consiguen es separarnos para que las clases dirigentes continuen repartiéndose todo el pastel.

Las banderitas y los himnos dejadlos para el fútbol y para las olimpiadas. La mayoría de la ciudadanía quiere vivir en paz.

Y vosotros sois la guerra.

Lctr.

viernes, 6 de octubre de 2017

Houston, tenemos un problema.., Y nosotros también...


La pregunta que en estos momentos se puede hacer todo el mundo, al menos todo el mundo pensante, es por qué los líderes gobernantes de los países del mundo son elegidos entre los más ineptos e incapaces individuos de la sociedad en la que viven.

La respuesta es simple: El gobierno está en otro lado.

La vida es una intención, y como tal, busca el mejor camino para perpetuarse en el tiempo y en el espacio, lleva haciéndolo desde hace 4.000 millones de años, ha tenido tiempo suficiente para experimentar y probar todas y cada una de las posibilidades factibles de seguir ejerciendo el dominio sobre la misma naturaleza de la que procede, para organizarse en contra de todas las leyes universales.

Las leyes universales tienden a la nada de la que todo partió, a la calma, a maximizar la "entropía" de nuestro amigo Boltzmann. Las leyes de la vida, por el contrario, tienden a organizar, a construir, a achicar todo vestigio de desorden, tienden a seguir como sea, y cueste lo que cueste, por encima de toda ley que haga su propósito inalcanzable.

Desde el primer cristal, desde la primera enzima, desde la primera bacteria, la vida se ha abierto paso para organizar como sea este viaje sin sentido de lo que llamamos "existencia".

Es importante dejar claro a partir de ahora los conceptos de "Naturaleza y "Vida". 

Mientras el primero simboliza todo aquello que es inerte, inercial, atemporal, impremeditado, casual, incircustancial.., el segundo reune a todo lo premeditado, expreso, deliberado, voluntario e intencionado. Ambas conforman nuestra existencia, y no se pueden separar la una de la otra, al menos en el universo en el que nos ha tocado vivir.

Naturaleza y Vida son antagónicos, mientras una tiende a igualar, la otra tiende a diferenciar, constituyen el motor, la fuerza, que hace que la "realidad" se mantenga sin disiparse. 

Una "Naturaleza" en soledad no podría ser explicada. Una "Vida" sin la naturaleza como sustrato no podría generarse. Ambas a la vez conforman la extensión y el marco en el que la realidad que nos une se desarrolla e intenta explicarse a si misma.

Este lábil equilibrio, volviendo ya al tema del inicio, es muy difícil de mantener, y aunque la vida en un principio eligiera y seleccionara a los "mejores" para perpetuarse en este mundo regido por las leyes de lo "natural" en seguida se dio cuenta, basándose en la propia ley natural, de que para seguir en su intención debía efectuar sacrificios. Si su intención era seguir, no podía seguir a toda costa, la misma naturaleza y sus leyes impedían el predominio de una de ellas. 

Si la "vida" fuese todo no tendría sustrato natural donde realizarse, si por el contrario la "naturaleza" fuese todo, estaríamos hablando de la "nada", perdón, no estaríamos ni hablando.

Esta es la razón por la que nuestros gobernantes son los más incapaces entre sus iguales. No han valido para objetivos concretos de perpetuar la "vida", no han sido capaces de ser médicos, ingenieros, o poetas. Su misión, la que les ha sido encomendada, es la de la regulación. 

Y la regulación conlleva el sacrificio.

Cuando un gobernante ha mostrado indicios de inteligencia y organización, automáticamente ha sido eliminado, porque una entidad así, capaz de mantener la "vida" de todos, acabaría con la naturaleza. 

Es mejor tener "reguladores" sin sentimientos, a los que no les tiemble el pulso a la hora de combatir y guerrear, y de esta manera controlar este frágil equilibrio de la existencia donde, por el momento, solo podemos mirar.

Lecter.

martes, 3 de octubre de 2017

El Discurso del rey


Felipe... Lamentable.

Has perdido una oportunidad de oro para ser valorado como hombre de estado.

Es lo que tiene la educación castrense, la falta de talento, y la familia que te antecede. El resultado es que te tienen que escribir los discursos porque no eres capaz de formular una idea u opinión propia. Y si realmente eso que has dicho hoy es lo que piensas sobre este tema... vete haciendo las maletas.

Después de esto tu salida es cuestión de tiempo.

Lctr.

lunes, 2 de octubre de 2017