viernes, 18 de enero de 2013

Al feminismo por la sodomia

“Para mí es un milagro que exista La rendición como libro y que, a través de Isabelle Stoffel, se haya convertido en un montaje que estrena el mayor teatro nacional español; es un milagro tan grande como el que viví la primera vez que practiqué sexo anal”. La australiana Toni Bentley, residente en Nueva York desde pequeña, y autora de La rendición, su controvertido libro de memorias íntimas, publicado en 18 países, es firme y asertiva a la hora de defender la sodomía. Su apología de esa práctica sexual dio el salto a los escenarios el pasado año, cuando la actriz Isabelle Stoffel hizo la versión escénica de La rendición (Tusquets Editores/La Sonrisa Vertical) con puesta en escena del también cineasta Sigfrid Monleón. Se estrenó en Microteatro por dinero, un mínimo escenario del centro de Madrid, pero tal y como está ocurriendo con muchos modestos, pero inteligentes montajes, ha dado el salto a los grandes circuitos teatrales. De hecho, mañana inicia una nueva andadura, no sólo nacional, en la sala de la Princesa del Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional, donde el personaje protagonista de esta curiosa autobiografía lanza toda una soflama filosófica, irónica, espiritual y erótica en la que cuenta cómo, a pesar de su ateísmo, encontró a dios en el mismo momento que fue sodomizada por primera vez.



La autora cree que la penetración anal es el vicio o pecado bíblico de Sodoma y Gomorra que se ha hecho más popular y ha tenido más trascendencia por varias razones: “La primera es que sucede mucho más de lo que la gente admite, sobre todo en parejas heterosexuales, pero también creo que la naturaleza del tabú que es inherente a la sodomía tiene su base en la vergüenza; el ano es un punto de nuestro cuerpo que desde la niñez se nos acostumbra a verlo como algo sucio, muy privado, y al compartirlo en la edad adulta se convierte en un hecho muy importante, donde emerge la complicidad y una intimidad más grande y mucho más vulnerable”, señala Bentley de este punto del cuerpo humano que ella conecta con el arquetipo de la sombra en Carl Gustav Jung; un concepto que para este psiquiatra y ensayista representa cualidades y atributos desconocidos o poco conocidos del ego tanto individuales, como colectivos. “Cuando queremos ver nuestra propia sombra nos damos cuenta (muchas veces con vergüenza) de cualidades e impulsos que negamos en nosotros mismos, pero que podemos ver claramente en otras personas”, afirmaba Jung.

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C&p
jm

2 comentarios:

Lecter dijo...

Siempre me traiciona la razón
y me domina el corazón,
no se luchar contra el amor.

Y ya no puedo más,
siempre se repite la misma historia...

Anónimo dijo...

Por la puerta de atrás... firulin, firulan...
jm